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Hoteles y DNI

09.08.2005      Desvaríos      DVDCano      623 responses

¿No es llamativo que para registrarte en un hotel y pasar una noche te pidan el DNI? Es algo que no he logrado nunca comprender. Imagino que la ley lo marca como necesario, pero yo no lo veo.

A ver, uno no va enseñando el carnet de identidad por ahí en cualquier circunstancia. En alguna ocasión me han llegado a contar que tenían que pasar a diario informe a la policía de quien estaba alojado esa noche en el hotel. Igual soy un bicho raro, pero me parece escandaloso, e inútil. Me pregunto cual es la razón para que esto sea así, porque a uno no le piden el carnet para entrar en un cine, una sala de exposiciones, o para cenar en un restaurante. En el supuesto que sea para poder localizar con facilidad a un sospechoso de haber cometido un delito, creo que es una estupidez, porque los delincuentes habituales van con documentación falsa, no se puede nadie imaginar a un sicario entregando su documentación auténtica en un hotel, ni en un control policial vamos.

Por tanto, excluida la utilidad de la medida para controlar a los malos malotes del lugar, me sigo preguntando que sentido tiene. Digo más, en algunos hoteles no les basta con apuntar los datos de tu DNI, si no que te piden que se lo dejes hasta el día siguiente, o te lo devuelven al rato, tras hacer una fotocopia del mismo. ¿Donde está mi fotocopia? ¿quien se la queda? ¿cual es su destino? Creo que de la misma forma que cualquier ciudadano tiene derecho a reclamar una rectificación de sus datos públicos almacenados en cualquier base de datos, deberíamos tener derecho y exigir que nos devolvieran esa fotocopia, y nos atestiguaran que no se han quedado ninguna otra reproducción de nuestro documento de identidad. Puedes juzgarme como excesivamente desconfiado por lo siguiente, pero a mi no me hace ni pizca de gracia que un recepcionista de hotel maneje de forma simultánea dos de mis credenciales más importantes, mi DNI y la tarjeta de crédito. Y no sería el primer caso de abuso en ese sentido, con menos herramientas de hecho, que los empleados de los controles de peaje en autopistas solo disponían de unos segundos para hacer que te anotaban el pago en la VISA, y aprovechaban para almacenar tus datos y más tarde te desplumaban. No quiero ni pensar lo que podían haber hecho esos sujetos con una fotocopia del carnet.

Descartado que sea una medida útil en la lucha contra la delincuencia, solo me queda pensar que es un modo de tenernos localizados a los pobres ciudadanos inocentes. Cuando pedimos nuestra tarjeta de embarque en el aeropuerto nos piden el DNI, y de nuevo para subir al avión, luego tenemos que enseñarlo en la recepción de hotel, como conclusión diría que nos quieres tener siempre controlados, saber cada paso que damos, estar informados de donde estamos cuando no estamos en casa.

¿Os imagináis que lo pidieran para entrar en el cine? ¿O en el Guggenheim? Sería total, de esta forma las pesquisas serían incomparablemente precisas. Ahora bien, ¿eso es propio de una democracia? Yo pienso que no mucho.

En mi último viaje pasé el control policial en el aeropuerto, puse todos los objetos que poblaban mis bolsillos en una cubeta, mi equipaje de mano, incluso el cinturón de mi pantalón (en Barajas pitó y me lo hicieron quitar). No sonó el arco detector en esta ocasión, pero un amable policía me detuvo y sin motivo aparente me pidió que extendiera los brazos en cruz y me cacheó. Bueno, afortunadamente aquí no hay que descalzarse en ese control, como exigen en EEUU desde el 11-S. Pues bien, puedo pasar por esto, o por el exhaustivo examen que pasé ante un poli inglés en Gatwick, al que fui relatando lo que contenía cada cosa cuando me hizo abrir el equipaje (monedas, decía yo cuando abría un monedero; colonia, cuando abría el set de baño, y así), pero lo que llevo fatal es tener que darle mi DNI al recepcionista del hotel, que podrá así asociar sin duda alguna mis manías a mi identidad (de que forma dejo los zapatos, como enrollo la toalla de ducha, el after-shave que uso). Y sabrá de esta forma quien es el que se lleva siempre el bolígrafo de la mesilla, y se olvida a menudo de contar alguna de las consumiciones del minibar de la última noche. No lo llevo bien, no.

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