Pens贸 que hab铆a renegado de 茅l. Se imagin贸 que ten铆a algo en su contra. Fabul贸 sobre lo que habr铆a provocado nuestro alejamiento. Todo ello le hizo esquivo y desconfiado, algo que mal disimulaba cuando ambos ten铆amos contacto alguno, cada d铆a m谩s inusuales y extempor谩neos. A m铆 me iba bien, pensaba que cada momento tiene sus ritmos, que lo que fue ya no lo es, y que ahora el momento impone otro tipo de relaci贸n. Estaba bien as铆. Pero 茅l no, claro. Era mi amigo y tem铆a haberme perdido. Lo que peor llevaba, me parece a m铆, era el no saber que hab铆a pasado. Y lo entiendo. Es horroroso pensar mil veces en mil posibilidades, replantearte todo aquello que has hecho en tus 煤ltimos a帽os, analizar tus decisiones, las reacciones que has tenido en cada momento, lo que has podido demostrar, por acci贸n u omisi贸n. Hacer conjeturas sobre lo que envenen贸 una buena, provechosa y f茅rtil relaci贸n.
Era in煤til conjeturar. 驴Para qu茅 pensar? Las cosas son como son, no vale darle vueltas. S铆, s铆. Esto es lo que quer铆a yo pensar. Lo que me hubiera gustado que pensara 茅l. Pero no, claro. Esto no es as铆. Por m谩s que me quiera convencer, y le quiera convencer, de que nada hubo, no es cierto. Siempre hay algo. Puede ser algo leve, complicado de que ambos lo apreciemos por igual. Pero algo hace que las relaciones humanas con frecuencia se vayan consumiendo, apagando la llama que las mantiene vivas, cubri茅ndose de un g茅lido manto que corta el aliento, la respiraci贸n y hasta las ganas.
A pesar de todo, nunca se lo dir茅. Y cuando alguna vez nos veamos, o hablemos con voz de compromiso donde hubo confianza ilimitada, seguir茅 fingiendo que nada ha cambiado. Que las cosas van. Que todo est谩 bien como est谩. E intentar茅 pensar pronto en otra cosa, y 茅l probablemente volver谩 a tragar saliva. Y pareceremos dos seres felices.








Se trata de 