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  Formula 1Senador Palpatine :: 29.06.2007 @ 12.18

Llega Magny Cours. Llega el Gran Premio de Francia. Vuelve la vieja Europa y un Fernando Alonso con ganas de “vendetta”.

Dicen que en esta ocasión por estrategia de equipo le dejarán hacer la calificación con menos gasolina que Hamilton, para compensar los dos últimos premios en los que el inglés luchó por la Pole con la ventaja de llevar el depósito más ligero.

Dice Fernando que todas esas cosas las decide el equipo (cuanta gasolina, cuantas paradas, en que vueltas se reposta…).

Dice Lobato que sigue convencido de que Alonso ganará este campeonato del mundo y que está harto de que, tipos que ni siquiera saben que un Formula 1 tiene cuatro ruedas, den por acabado y enterrado al asturiano (esto es una versión libre, de mi cosecha, de lo que el comentarista de Telecinco escribe hoy en un artículo, pero el sentido es el mismo).

Dicen que Hamilton copia a Alonso, que Magic y Pedro de la Rosa son los que hacen el trabajo sucio y que el británico es el que luego se aprovecha del rendimiento de los otros.

Dicen que gracias a Fernando, una escudería que el año pasado era tercera, se ha convertida en la primera con diferencia sobre sus rivales pero que él no se siente cómodo en McLaren y que ya planea el salto a Ferrari.

Dicen que Hamilton es el sucesor de Schumacher y que Alonso sólo ha sido un buen piloto que ha hecho de puente entre dos fueras de serie.

Dicen, dicen, dicen (decimos)…muchas tonterías para llenar papel y no estar callados.

Y no se cansan de hablar y de escribir (no nos cansamos).

Cuando el motor empiece a rugir, me olvidaré de todas las elucubraciones vanas y absurdas y sólo pediré que el Nano se imagine por un momento que en el otro McLaren va un tipo rubio y alemán llamado Schumacher. Que le invada la amnesia y que no recuerde que ha ganado dos campeonatos del mundo consecutivos y que crea que esta es la primera carrera de su vida sobre un formula 1.

Que vuelva a ser el hombre de hielo con corazón de fuego y que vuele como un misil sin retorno más rápido que el viento.

Que los deje clavados en la pista y que todos parezcan ir a cámara lenta, con el tiempo suficiente para que saluden al campeón cuando vean su estela.

Que de un puñetazo encima de la mesa y que el sonido haga enmudecer el ruido de los motores, como si el dios Thor hubiese dejado caer su martillo sobre la pista francesa desatando todas las tormentas del oscuro cielo.

(Si alguien me viese en casa dando saltos y gritando cuando Magic se pasea y les deja a todos con un palmo de narices, pensaría que estoy loco).

  DesvaríosSenador Palpatine :: 28.06.2007 @ 10.57

Sucedió una mañana de nochebuena de hace un par de años.

Caminaba sin rumbo fijo por la calle, con la idea de comprar algo en un kiosco, alguna revista o alguna película con la que hacer pasar las horas hasta que llegase la inevitable cena.

La Navidad es una época extraña, mitad melancólica, mitad feliz. Hecho de menos a personas y me siento solo, pero al mismo tiempo me molesta cuando el calendario marca el 7 de enero y todo ha terminado.

Entre en un kiosco al que rara vez iba, cercano a mi casa. No había nadie excepto la vendedora.

Ojee durante un rato las estanterías y al final me decidí por un par de revistas y dos o tres comics.

Pagué y antes de irme le comenté algo a la señora, una mujer de unos 50 años, cuyo rostro me sonaba de otras veces. No recuerdo qué le dije, supongo que algo referente a las fiestas, algo dicho en tono amable, una especie de abrazo a un desconocido en unos días en los que un gramo de ternura siempre se agradece.

Y entonces, sin mediar ninguna razón aparente, la mujer empezó a hablar.

Alguien muy cercano a ella se estaba muriendo. No había esperanza, no sólo por la enfermedad sino por la edad que esa persona tenía. En el hospital incluso, la habían mandado para casa, porque decían que ya no se podía hacer nada.

Me contó llena de angustia, todo lo que sucedía y sus ojos se iban llenado de lágrimas mientras lo relataba. Sin llegar a desbordarse en ningún momento pero al mismo tiempo sin dejar de brillar.

Hablaba en voz baja, como en medio de un sueño, como si estuviese adormecida por algún tranquilizante que hubiese tomado. Y me miraba fijamente a los ojos, pero sin verme.

Tal parecía que estaba hablando con el vacío, con la única esperanza de sacar todo su dolor y lanzarlo fuera de ella, necesitada de una válvula de escape que la hiciese sentir un poco mejor, que la liberase de una losa que pesaba demasiado.

Me estaba contando todo aquello que no podía contar a los que la rodeaban, quizás porque era demasiado íntimo como para hablarlo con familiares y amigos. Tal vez porque ese dolor también les tocaba a ellos muy de cerca y cuando estaba a su lado necesitaba fingir que era fuerte para evitar sumar más tristeza, para que ellos le llorasen a ella y tragarse así las penas de todos mientras trataba de consolarlos.

Pero un desconocido no te juzga y si lo hace no importa, porque no es nadie en tu vida. Solamente te escucha (si tienes suerte) o finge que te presta atención mientras hablas. Pero con eso es suficiente. No hace falta nada más.

Oí su historia en silencio, sin interrumpirla apenas y cuando terminó traté de decir algo evitando recurrir a tópicos o frases hechas que no sirven de nada y que a veces solo parecen un insulto al dolor del otro.

Sólo pude decirle, con toda la ternura de que fui capaz, que nunca perdiese la esperanza. Es lo que siempre me digo a mí mismo e ignoro si funcionó para ella, pero al menos no le mentí, no le dije que todo iba a ir bien o que las cosas se iban a arreglar.

Fue una frase sencilla y simple, inútil, por supuesto, pero ella no necesitaba oír nada. Solo hablar y contar en voz alta, sólo llorar sin escuchar el eco de sus propias lágrimas.

Le acaricié el hombro y le desee mucha suerte.

Nada más excepto ese gesto vacío podía darle.

Espero que de alguna forma, algo de aquello le sirviese de consuelo y ayuda.

Y me fui a mi casa caminando, sintiéndome como un personaje impotente en medio de un cuento irreal y trágico.

Uno de esos cuentos tristes que no deberían suceder ningún día del año, pero menos un 24 de diciembre.

  DesvaríosSenador Palpatine :: 27.06.2007 @ 12.13

Tenía el pelo rojizo como un fuego en medio de la noche, de esos que te guían y te hacen sentir que a su lado no pasarás frío.

Seguía conservando la misma mirada dulce y pícara que cuando tenía 15 años y podía generar un terremoto en una sala de billares con solo inclinarse sobre el tapete mientras acariciaba con suavidad el taco para romper de un golpe la bola.

Pero de eso ya había pasado bastante tiempo y aunque los efectos que producía la visión de su cuerpo eran los mismos, había historias y heridas y ocultas que habían borrado hace años a la niña que un día había sido.

Antes te pediría una noria y unos zapatos rojos y ahora se conformaba con un par de copas y una noche sin demasiadas preguntas en una habitación desconocida.

Ni siquiera pedía ya que le dijesen un falso “te quiero”, de esos que suenan a verdad entre sábanas y piel desnuda pero que se sabes que se apagarán cuando el deseo se consume y la respiración y el pulso vuelvan a su estado normal.

Sólo quería un cuerpo caliente que le hiciese olvidar que mañana habría un nuevo día tan amargo y oscuro como todos los demás.

El estaba sentado jugando con un paquete de cerillas entre los dedos, frente a un cenicero lleno que parecía a punto de desbordarse.

Llevaba un rato mirándola, de reojo al principio, con un cierto descaro más tarde, olvidando en el color de sus ojos y en las promesas de su blanca piel que fuera había un mundo oscuro y ajeno que hacía tiempo le había dicho que no contaba con él.

¡Qué demonios!, pensó. Nada se perderá por invitarla a una copa e intentar descubrir que esconde bajo la ropa y que es lo que hay en el lugar oscuro donde esas largas piernas se juntan. Seguro que su boca sabe a gloria y que sus labios son capaces de hacerte olvidar hasta como te llamas.

Y se acercó a ella sentándose en el taburete contiguo, con esa determinación que produce el alcohol y el no tener nada que perder.

“¿Te apetece otro de lo que estés tomando y un poco de conversación sin muchas preguntas?” – dijo él, con la mejor de sus voces, suave y tranquila.

“Llevo un buen rato pensando en cuando te decidirías a dejar de mirarme desde tan lejos”. – contestó ella sonriéndole y atrapándole el alma con los ojos.

  GeneralDVDCano :: 26.06.2007 @ 00.53

Pues eso, que voy a apartarme un poco porque necesito descansar. No sé si es el calor o la acumulación de toda la temporada pero no aguanto sin hacer una paradita. No creo que sean más de dos o tres días, lo justo para quitarme esta sensación de mareo y volver con fuerza.

Recordadme que a la vuelta hable de lo de ‘Asalto a la casa blanca’, el reportaje de investigación que puso el pasado domingo Telecinco, que tiene mucha miga. A mi me gustó, ya lo adelanto.

Paz y amor. Besos y abrazos. Y todo eso.

  GeneralDVDCano :: 25.06.2007 @ 17.10

Leo en 20minutos este titular: “El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, propone erradicar el tuteo en las aulas para restablecer el respeto al profesor”.

Yo a este tipo le respeto, pero no le respetaría más si le tratara de ussía. Es más, me cuesta, me cuesta. Nos merecemos otros defensores, me temo.

Y no argumento más porque estoy que me va a reventar la cabeza, que hacer tanto el movimiento del ‘perrito de las praderas’ cansa.

:)