Hace unos meses vimos un spot publicitario en televisión en el que intentaban reflejar el espÃritu de toda una generación y una de sus protagonistas decÃa: “Ni consola ni consolo”. Realmente no se puede decir que sea una frase hecha o una expresión popular. Quizá por eso, si acaso, representa a una generación aunque, bien mirado, representa un recurso en el lenguaje que me parece gracioso y muy nuestro.
Los polÃticos son los primeros que han usado con frecuencia expresiones de este mismo palo, ya sea producto de una improvisación o tras una minuciosa planificación. Recuerdo que a principios de los ochenta, el PSOE fue acusado de participar de una trama de financiación en la que participarÃan empresas alemanas del consorcio Flick y Helmut Schmidt, el gran padre del socialismo moderno en Alemania. Entonces, Felipe González se sometió a una sesión de control en la que aceptó la creación de una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados, y contestó de forma tajante las acusaciones de Coalición Popular (grupo parlamentario en el que se coaligaban algunos partidos liberales y Alianza Popular, el partido de Manuel Fraga posteriormente reconvertido en Partido Popular). La conclusión de esa comisión exculpaba al partido socialista español de toda implicación en el caso, si bien José MarÃa Ruiz Gallardón (padre del actual alcalde de Madrid) firmó un voto particular en contra de dichas conclusiones en la comisión del popularmente conocido como “caso Flick”.
Pero la conclusión de una comisión no supone nada al lado de lo efectivo de una frase, que posiblemente González llevaba preparada de antemano, a pesar de ser uno de los más brillantes parlamentarios del siglo XX en nuestro paÃs. Su respuesta desde la tribuna del Congreso fue más o menos asÃ: “No he recibido ni un duro, ni una peseta, ni de Flick, ni de Flock”. Ahà está. “Ni de Flick ni de Flock”, es un “ni consola ni consolo” más. Somos capaces de inventar términos inexistentes en un proceso creativo baldÃo que, sin embargo, resulta en ocasiones tremendamente efectivo, como le resultó a Felipe González en el caso referido.
Algo parecido hizo el antes citado lÃder de la derecha española, Manuel Fraga. En el siguiente congreso tras el nombramiento de José MarÃa Aznar como su sucesor en el partido, Fraga decidió dar un golpe de efecto de cara a la galerÃa, que también resultó muy práctico al conseguir que fuera repetido hasta la saciedad por las televisiones. Esta efectista medida consistÃa en romper la carta que Aznar le habÃa mandado con su dimisión, para que la pudiese utilizar siempre que lo considerara oportuno, en caso de defraudar sus expectativas. Rompiendo esa carta estaba simbolizando la eliminación de hipotécas polÃticas, era en cierta manera la ‘muerte del padre’ en el partido.
Pues bien, Manuel Fraga utiliza en su discurso, justo en el momento de romper la carta, una expresión posiblemente improvisada. Yo creo, sinceramente, que se deja llevar al decir: “En el PP no hay tutelas, ni tutÃas”. O sea, como queriendo decir. “No hay tutelas ni tutÃas” es otro “ni consola ni consolo”, vamos.
Pero quienes son más expertas en el “consolismo” este son las madres. Ellas lo inventaron realmente, y con una creatividad sin lÃmites a la hora de improvisar palabros que se asemejen a otros para poder hacer una rima extraña de este tipo. En realidad no es cosa de una generación, sino de esa imaginaria ‘escuela de madres’ que siempre he pensado que existirÃa en algún lado. De otra forma no se explica que tantas madres digan cosas idénticas en tan similares tonos. Esto se lo tienen que enseñar en algún sitio.