En estos tiempos en que tenemos acceso a tanta información por distintos medios, relativamente nuevos algunos de ellos, esta noticia probablemente quedará sepultada por cosas mucho más importantes, a pesar de que merece formar parte de la galería de lo absurdo contemporáneo.

Me entero por el twitter de Eduardo Arcos, que la Iglesia pide el ayuno tecnológico durante la cuaresma. Su concepto de la tecnología es tan amplio y trasnochado que incluye los electrodomésticos, y se amplia hasta el iPod, el mail (salvo uso laboral estrictamente necesario), la televisión e Internet (como no podría ser menos).

Por tanto, para los que se consideren creyentes y seguidores de la Iglesia de Roma sin fisuras, ya saben que aparte del ayuno o abstinencia de carnes rojas (lo rojo es malo siempre, mecachis), también deben abstenerse del uso de las modernas tecnologías, que son el origen del estado de perdición que vive la humanidad en los momentos actuales. La nevera es culpable de muchos de nuestros males (no hay mejor icono para el pecado capital de la gula). Claro que, a su lado el iPod es el mismísimo Satán travestido en reproductor de música con una rueda infernal en sus partes bajas (donde andan siempre las pasiones más prohibidas).

No es coña, leo en un diario mexicano:

Los obispos católicos italianos pidieron a sus feligreses que se priven de usar los electrodomésticos y otros medios de alta tecnología durante la Cuaresma, renunciando por ejemplo a utilizar la internet o mandar mensajes electrónicos hasta el Domingo de Resurrección. (…)

”Es una forma modesta de recordar la importancia de las relaciones concretas y no virtuales”, dijo la diócesis de Módena en una declaración. ”Es un instrumento para recordarnos que nuestras acciones y estilo de vida tienen consecuencias en países distantes”.

La diócesis dijo que el ”día sin SMS” intenta llamar la atención especialmente sobre los años de guerra civil en el Congo, en parte para controlar la producción de coltán, un mineral esencial en la fabricación de teléfonos celulares.

Es tremendo. ¿Un día sin SMS? Algunos quinceañeros la palmarían. Aunque este otro párrafo me ha sugerido algunas reflexiones:

Entre las sugerencias: dejar el automóvil en casa y utilizar la bicicleta o el transporte público; abstenerse de arrojar la goma de mascar en la calle y comenzar a reciclar la basura; disfrutar el silencio en una semana sin internet ni iPods.

Resulta que aquí al lado tengo una academia de empresariado, de esas muy pijas repletas de jóvenes engominados y pivones vestidas de rosa. La acera delante de ese centro de estudios está enmoquetada con chicles pegados durante los últimos años. Ni metros atrás ni metros adelante ocurre nada semejante. Lo cual demuestra tres cosas (por lo menos):

1. Que en lo de “abtenerse de arrojar la goma de mascar en la calle” tienen toda la razón, pero no solamente durante la cuaresma.
2. Que nadie ha enseñado a esa gente que el chicle se tira en su envoltorio, y a ser posible en una papelera (hay una justo en frente).
3. Que los pijos son la reencarnación del maligno. Poco más o menos, no se tome tampoco al pie de la letra.