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Archivo mensual


  CaprichosDVDCano :: 31.07.2009 @ 10.10

Lo sólido que sea elegido por cada uno. Bueno, y la Cocacola también. Resulta que el fabricante de la chispa (de la vida) está desarrollando una máquina expendedora con la cual cada uno pueda elegir exactamente la bebida que quiere preparase.

Expendedora de Cocacola a la cartaSe trata de una Cocacola a la carta o “Freestyle”. En estas máquinas cada cliente puede prepararse la bebida completamente a su gusto, eligiendo entre más de 100 sabores diferentes. Aún se encuentra en desarrollo, pero algún día las veremos funcionando por ahí. Según cuentan en Adelante Gadgetoblog:

De esa manera desaparecen en esta nueva máquina las latas o botellas de un sabor exclusivamente y permite por ejemplo hacer una mezcla entre CocaCola y un té de menta, o agua con sabor Fanta, o incluso te deja seleccionar si prefieres que tu bebida suba por encima de las 100 calorías o directamente no te aporte caloría alguna.

Yo quiero. Pero ya.

  GeneralSenador Palpatine :: 31.07.2009 @ 09.45

Sí, ya sé que me repito. Casi puedo entonar aquella mítica letanía del dinosaurio de “cómo cada año por estás fechas†(léase con acento gallego, por favor).

El caso es que han pasado ya unos pocos años y joder, tío, te quiero.

Te quiero por lo que callas, por lo que sólo insinúas, por lo que dices cuando te da la gana o por lo que nunca dirás.

Te quiero por tu cariño, por tu infinita paciencia con todos nosotros, te quiero por tu sueño y sobre todo, te quiero por tu corazón.

Siempre me has dado mucho más de lo que has recibido de mí. Y últimamente, cuando ya no me quedaban fuerzas, me diste un chute en forma de caricia, que me hizo sentir querido de verdad.

Y entonces, nos ví como Butch y Sundance, que uno siempre ha sido muy de cine y muy muy peliculero. Pero pensé que casi mejor nos reímos del mundo y nos maqueamos de Thelma y Louise, que las veo más marujas y ni tú ni yo somos tan guapos como los otros.

Así que te dejo esto. Me pido ser la Sarandon, por cierto.

  Frases y citasDVDCano :: 22.07.2009 @ 11.35

Cuanto más nos inclina la naturaleza a los placeres, tanto más propensos somos a la licencia que a la decencia. 

[ Aristóteles ]

  Mass MediaDVDCano :: 21.07.2009 @ 18.02

Anoche tuve el placer de ver a Hermida en la 1 de TVE. No tengo la televisión pública (ni esa ni la autonómica de Madrid) en mis zapping, por lo cual debo agradecer haberme enterado de que hacían ese programa por alguna página de Internet. No puedo ocultar que Jesús Hermida es uno de mis mitos televisivos, pero no solamente eso. Le escuché en la radio durante las temporadas que hacía las mañanas de Antena 3, posiblemente el mejor formato radiofónico que he escuchado nunca. Tanto en televisión como en radio, o incluso escribiendo una breve columna en el viejo Diario 16, Hermida me ha gustado siempre.

Jesús HermidaEl programa radiofónico que menciono ocupaba las mañanas con un esquema único no repetido después. Iba en tramos de quince minutos, alternativamente de emisión en cadena y local. Es decir, los primeros quince minutos de cada hora eran de Hermida para toda la cadena de radio, los siguientes se emitían en cada emisora para su ámbito local, desde la media iba otro bloque de Hermida y el último cuarto volvía a ser local. Hay quien diría que en un cuarto de hora no da tiempo a nada, pero ya lo creo que daba.

El ritmo del programa era trepidante a pesar del hablar pausado del periodista. Llegó a prescindir de Alfonso Arús, que era el chico del programa en Barcelona, porque hablaba demasiado deprisa. El ritmo estaba en los fragmentos en que se servían los contenidos, que obligaban a no hacer una entrevista (por poner un ejemplo) de más de quince minutos. No se trataba de profundizar, no era el objeto de un programa matinal, sino de no perder el ritmo. Lo más gracioso era cuando Hermida aparecía en una de las emisiones locales, saludando al locutor de la misma para su sorpresa y la de los oyentes.

Antes de este fantástico experimento radiofónico Jesús Hermida se había hecho cargo de Hora 0, el informativo nocturno de la misma cadena de radio. En lugar de llenar minutos con una tertulia política, como hacían la mayoría, se empeñó en darle calidad al espacio, encargando un reportaje diario a algunos de sus colaboradores. Entre ellos, había elegido a Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, más conocidos como Gomaespuma.

Aún recuerdo una crónica de Fesser desde un poblado gitano de Madrid, o el reportaje en el que se convertía todo en cifras. La genialidad del periodista onubense quiso convertir en reporteros a dos humoristas, demostrando que no solamente eran periodistas sino que podían llegar a ser incluso más sorprendentes que él mismo. Añoro a Hermida en la radio, su tono pausado y su media voz llena de sentimiento, transmisor de humanidad y cercanía.

También admiré al Hermida televisivo, tantas veces imitado. Nunca le reconocí en imitaciones tan exageradas, que contribuyeron a hacerle un personaje muy conocido. Aunque su prolongada estancia en Nueva York, como corresponsal de Televisión Española, ya habían ayudado a ello. Era la voz de América en España, y no hubiera sido el mismo de no haber pasado por el aprendizaje tan singular de aquel momento en ese país.

Precisamente Fesser, del que antes hablaba, me descubrió el otro día algún aspecto de Hermida que desconocía, relacionado con otro gran personaje de la comunicación, el hombre más importante en la historia de la televisión americana, fallecido la pasada semana: Walter Cronkite. Copio en extenso párrafos del artículo escrito por Fesser para El País, que consiguieron emocionarme el otro día:

El tío Walter se había alzado en representante de las clases medias, y a las siete de la tarde congregaba a 70 millones de norteamericanos frente a la mosca de la CBS. Aparte de la honestidad de hierro que le mantuvo durante décadas en la mayor cota de credibilidad de EE UU, Cronkite tenía un estilo diferente que atraía hacia sí a las masas, y Hermida se propuso descifrarlo.

Primero le pilló el ritmo. El astro de la Columbia Broadcasting System se dirigía a cámara a una velocidad de 124 palabras por minuto; muy despacio, si se compara con los 165 vocablos que utilizamos en el transcurso de una conversación. El corresponsal aprendió a ralentizar su narración hasta conseguir la expresión pausada que le hizo tan popular en España. Se trataba de podar el idioma. De entresacar con pinzas palabras de las frases y decir lo mismo con menos letras. Cómo quien le narra un cuento a su hija en la cama. Dando la impresión de que cada cosa que va a contarse viene envuelta en misterio.

Luego le pilló la utilización de coletillas. Las frases que repetía Cronkite en el informativo quedaban flotando en el inconsciente colectivo y, como las tiras amarillas para cazar moscas, atrapaban irremediablemente a la audiencia. El de Misuri, por ejemplo, terminaba siempre con la misma sentencia: “And that’s the way it is”. Despedida que hizo suya Ernesto Sáenz de Buruaga en los informativos de Antena 3 Televisión, “así son las cosas y así se las hemos contado”, en la etapa en que, curiosamente, Hermida mandaba en la casa.

Lo que este hijo de un fogonero gallego y una humilde ama de casa andaluza no se trajo de Cronkite fue su tono amable pero no paternalista, su extremada sensibilidad puesta en lo más mínimo. Hasta dando la hora era delicado. Es delicado. Y ya me gustaría que lo pudiera ser por mucho tiempo, ya fuera en radio o televisión. Como he escuchado a Andreu Buenafuente decir alguna vez, a Hermida tampoco le gustaba molestar, lo cual era una tranquilidad para sus invitados. Aunque, a diferencia de aquel, sí le he visto revelarse contra todo y contra todos. En directo, sin guión aparente, logrando el mejor momento televisivo del que he sido testigo.

En esto también terminaron convergiendo Cronkite y Hermida. El primero fue azote de las políticas americanas imperialistas y guerreras. Desde su escrupulosa independencia del poder, el anchorman estadounidense consiguió cambiar la opinión pública mayoritariamente favorable a la guerra de Vietnam. Años más tarde, la primera guerra de Iraq (la de Bush padre) le revolvió en su atalaya de jubilado, como cuenta Martínez Soler:

Bush I estableció en Irak una férrea censura, incluyó y vigiló a los periodistas (“incrustados”, se decía entonces) dentro de unidades armadas. Pero no sólo limitó la libertad de movimientos y de información de los periodistas sino que les “facilitó” su labor ofreciéndoles noticias e imágenes falsas de la guerra o de otras guerras. La imagen más soprendente, suministrada por las televisiones norteamericanas a todo el mundo, fue la de unos pobres cormoranes ennegrecidos, completamente cubiertos de petróleo crudo, tratando de volar sin éxito, con sus alas pegadas al cuerpo con crudo. Pronto se descubrió que esas imágenes no correspondían a la guerra de Irak ni ese petróleo era el derramado por Sadam Hussein en Kuwait sino que eran muy viejas y procedían del hundimiento de un petrolero en las lejanas costas -creo recordar- de Alaska.

Walter Cronkite, ya jubilado de su célebre telediario (“The CBS Evening News”) pero considerado aún “la voz de la verdad” y el periodista más fiable de Améríca, montó en cólera y pidió testificar ante el Senado contra la política informativa del Gobierno Bush. Su comparecencia televisada ante el Senado marcó un hito en la historia del periodismo y de la presidencia de Bush padre. Cronkite conoció a todos los presidentes desde Hoover y tuvo diferente trato y diferentes conflictos con ellos.

Pues bien, Hermida no pudo más una noche y en su informativo de trasnoche, especialmente habilitado desde el comienzo de la guerra de Iraq, hizo un alto en el camino para decir que estaba asqueado y se consideraba una marioneta hablando de una guerra falseada, en la que la información brillaba por su ausencia. No entrecomillo porque no puedo transcribir sus palabras, que guardo solamente en mi memoria, pero dijo algo así como que nos estaban engañando, que esto era una farsa indecente y vergonzosa. El tono de Hermida era tan pausado como siempre, del mismo modo que conservaba esa tensión amable a la vez que sentida. Un susurro firme e intenso. Todo esto es lo que le da eso que se llama credibilidad, palabra mítica en el mundo de la comunicación.

Esto solo lo puede conseguir un lunático. El hombre que llegó a la luna junto a los tres astronautas americanos: “Armstrong, Aldrin, Hermida y Collins”, como dice Fesser. A pesar de tantos esfuerzos es muy difícil imitar a Hermida. Y, peor (o mejor) aún, es imposible alcanzarle.

Anoche nos recordó aquello que muchos apenas vivimos porque eramos casi bebés y otros muchos ni siquiera habían nacido: la llegada del hombre a la luna, hace hoy cuarenta años. Fue un programa ejemplar, a pesar de algunos datos faltos de rigor (dudo mucho que la nave Columbia se llamase así en honor al descubridor de América). Pero, sobre todo, me regaló un rato más con Hermida, ahora que no había pensado se fuera a repetir. Y encima terminó citando a Salinas, otro lunático, mi poeta preferido.

Para mi próximo (muy próximo) cumpleaños me voy a pedir un programa de Hermida. Me da igual donde sea. A ver si tengo suerte.

  Mass MediaDVDCano :: 08.07.2009 @ 12.28

Ayer, Jesús Vázquez se ganó definitivamente todos mis respetos. Nunca más volveré a meterme con sus “vale”, aún más sabiendo que es consciente de tal latiguillo estúpido y molesto. Cuando el presentador gallego hizo de soporte en Gran Hermano me pareció que estaba falto de personalidad. Su papel consistía tan solo en esperar a la salida de los concursantes de la casa, o recibirlos el día del programa de presentación. Poca cosa, ya sé, pero aún así no terminó de gustarme. En este tiempo le he ido viendo madurar y, poco a poco, mi opinión sobre su trabajo ha sido cada vez más favorable. Su último enfrentamiento con Risto Mejide, el polémico jurado de Operación Triunfo, me ha hecho cambiar definitivamente mi idea sobre Vázquez. A partir de ahora es mi héroe.

La respuesta de Vázquez a las insinuaciones claramente homófobas y machistas de Mejide era necesaria, pedida casi como un clamor por esa parte de la audiencia que no confundimos el papel duro del jurado de un concurso de talentos con la insidia, el insulto, la vejación y la insinuación cafre y de mal gusto. Pero su respuesta fue más allá, sorprendiendo en firmeza, arrojo y hasta en los términos utilizados. ¡Bravo! Juro que me levanté de mi sofá para aplaudir a Vázquez.

Risto pretendía zafarse de la crítica cargada de razón, decencia y sentido común (aquellas cosas que le faltan) que le estaba haciendo el presentador utilizando el argumento de que ese es el único cometido de Vázquez, o sea, presentar y callar. Pero no es así, tanto que le debió quedar bien claro con palabras tan firmes como acertadas. Al pasar a publicidad se pudo escuchar a Jesús Vázquez decir “no te jode, hombre, ya…”

El jurado de las gafas, la chupa y la barba de dos días permanentes, uniforme torpe y demodé donde los haya, pretendía contestar las acusaciones de homófobo, machista y demás, hechas hacia él por Jesús Vázquez minutos antes. Pero este le calló, y lo hizo contundentemente. El término clave fue ‘pinche’. Concretamente le dijo: “Tu solamente eres aquí el pinche jurado y no decides lo que tengo yo que hacer o no. Por tanto, dí lo que te han dicho que digas en la reunión de ayer por la tarde y terminamos con esto ya. Y si no te gusta, te largas”.

Inteligente salida del señor Vázquez. Para mí, señor en todos los aspectos desde ayer. Pinche es un ayudante de cocina, ya lo sabemos. Por tanto, el término es apropiado porque pone en su sitio al personaje. Uno presenta el programa, es la estrella, y el otro simplemente es uno de los jueces. Las cosas quedan así más claras. Si uno dice todo lo que le da la gana, entre otras cosas hacer publicidad de otra cadena anunciando la final de “El internado”, lo mismo debe admitir que hagan los demás. Pero es que el término tiene una especial significación en México y Costa Rica.

Ruin, miserable o despreciable son acepciones del DRAE para ‘pinche’. Qué grande eres, Jesús Vázquez.

  GeneralDVDCano :: 08.07.2009 @ 01.58

Por cierto, que ahora me doy cuenta. Este blog ha cumplido el día 5 de este mes cuatro añitos. Hay que ver, como pasa el tiempo.

Hay épocas que está el pobre un poco abandonado, pero siempre vuelvo. No se lo contéis a nadie: es mi rincón preferido.

  CaprichosDVDCano :: 07.07.2009 @ 14.01

No puedo parar de reir. Por no llorar, que tengo las lágrimas agotadas por fin de temporada (hace mucho que no suelto una, con lo llorón que he llegado a ser).

Me entero por Nacho Escolar de esta maravilla epistolar donde las haya. El documento no tiene desperdicio, por lo cual recomiendo que si tienes cinco o diez minutillos hagas grande la imagen y leas la carta con detenimiento. Se tardarían dos minutos, pero como hay que hacer un poco de descifrador de jeroglíficos al final lleva un poco más. Bastante, vamos.

Impresionante, tú. No digo más.

Carta de amor