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En contra de las televisiones públicas, salvo que mande yo

14.07.2011      El billete      DVDCano      860 responses

Siempre he sostenido la opinión de que las televisiones públicas son necesarias si cumplen la función que en teoría se les encomienda. Una televisión pública debe atender al servicio público y alejarse de cualquier tentación comercial. La oferta es suficientemente grande para que unos no ocupen el lugar de otros. Entre bomberos no se pisa uno la manguera.

Castilla la Mancha Televisión¿Por qué son necesarias las televisiones públicas? ¿También las autonómicas? Si no existiesen televisiones autonómicas de carácter público sería muy difícil, cuando no imposible, ver televisión en algunas lenguas locales de nuestro país. La lengua, costumbres y determinadas señas de identidad deben ser protegidas y promovidas con dinero público. Si hemos de ahorrar, antes quitar gasto en otras cosas que de un bien cultural que bien utilizado puede hacer una labor importantísima. Exactamente aquella que debe hacer la televisión pública.

Otra cosa es que en la historia reciente de nuestro país hayamos visto televisiones públicas, empezando por la que depende de la administración del estado y emite en toda España, que tenían poco o casi nada de servicio público. Los dos canales de RTVE, pero especialmente la 1, han sido absolutamente comerciales antes y después de la aparición de televisiones privadas.

Lo de antes se entiende porque también debían abarcar ese espacio de entretenimiento, pero sobra una vez que otros se encargan de ello sin necesidad de impulso alguno. Durante años, la competencia de esos canales públicos de televisión era desleal porque utilizaban las mismas armas pero con pólvora del rey. Ni siquiera les hacía falta hacer rentable la empresa o cuando menos no resultar gravosa para los presupuestos. Podían ser rabiosamente comerciales, disputar parte de la tarta publicitaria a las privadas y encima perder dinero.

La televisión pública es deseable, e incluso necesaria, si cumple su cometido. Otra cosa es que el sistema pueda mantener ciertas exigencias o ambiciones. No hace falta hacer una televisión de lujo. Competir debería ser un verbo vedado para quienes dirigen cualquier televisión pública. Esta es mi opinión aunque siempre he respetado la contraria, a menudo bien fundamentada y bastante convincente, defensora de la eliminación de las televisiones públicas.

Ahora bien, es intolerable mantener esa postura durante años desde tribunas variadas (e incluso púlpitos), explicando de forma exagerada lo gravosas que son las televisiones autonómicas, pero luego envainársela y aceptar ser director general de una de ellas. Esto ha pasado con Nacho Villa, hasta ahora director de informativos de la COPE y recién nombrado jefe máximo de la televisión autonómica de Castilla La Mancha.

¿Dónde quedaron las promesas electorales de privatizar las autonómicas? ¿Por qué acepta dirigir una de ellas quien se ha mostrado beligerantemente contrario a su existencia? Está claro, la filosofía es: yo estoy en contra de las televisiones públicas salvo que quien mande sea yo. Entre otras cosas porque mientras mando me lo llevo calentito, y contribuyo a esa enorme deuda que generan al erario público. En mi pueblo esto se llama poca vergüenza.