

trastina escribió:Cada dia leo el gato encerrado pero nunca me pare a leer los comentarios porque pense que eran de "quinceañeros sobraos de dinero pa votar". Pidiendo mil perdones...........y con lo mas importante, mi proposito de enmienda.......prometo leer todo lo que se me ponga por delante (crei que ya lo hacia). Mil gracias a todos.
... De todas formas te diré que no estabas muy equivocada...
...Xander escribió:Yo también he echado de menos sus comentarios ayer y hoy.



# Publicado por: Senador | 9 Octubre 2009 a las 10.16
Cada día entiendo menos la crueldad de la platea. Hacemos mofa y escarnio de una cría, cuyo mayor delito es llevar una muñeca con ella y hablarle. Ni siquiera llegué a comprender por qué una vez vencida, seguían abucheándola y pisándola- No sé si se burlaban de su supuesta locura o si trataban de apedrearla por pensar que se había inventado un papel para ganar cincuenta millones- En cualquier caso, el castigo era muy superior al supuesto delito cometido.
No nos apiadamos de las lágrimas siquiera. Mejor dicho, sólo nos apiadamos de las que se nos pasa por el forro de los cojones. Las de la loca nos la pelan. Las de la pobrecita engañada por el chulo del barrio, nos conmueven y nos hacen vibrar. Siempre funcionan las mismas teclas. Los clichés triunfan y se machaca lo distinto, lo que no se comprende, lo que sale de la norma establecida. Los viejos tópicos nunca pasan de moda. Compre virgen follada y dolida. La española cuando llora por amor, no piensa en los cincuenta kilos. Siempre llora de verdad. Aunque sus lágrimas a algunos nos suenen tan falsas como sus gemidos de actriz porno de cuarta fila. Pero España me quiere. Y si tú no me salvas en vez de salvar a tu amiga de siempre, eres un falso y un hijo de ****.
Y mientras la muchedumbre aplaude y vitorea la masacre. Jamás se para a pensar. ¿Cual fue el delito? ¿Jugar? ¿Contar? Ahora resulta que esto no es un juego, si no la reedición catódica de “Camino”. O una especie de venganza en la que ahora se aplaude en unos, lo que antes se odio en los otros. Ahora ya se disfruta con la bota de los poderosos aplastando a la minoría. ¿Venganza por qué? ¿Cuá fue el grave pecado que tanto castigo merece?
Yo, una vez más, me quedo con el rostro de la derrota. Prefiero a Juan humillado en prime time, contra las cuerdas por querer salvar a su amiga. Me quedo con la verdad de Mel, con su tristeza. Y con la rabia de esa rusa que si pudiese los mataría a todos. Me seduce el miedo en Toscano y me asquea ese clon de Tamara la de los boleros, sintiéndose reina de la fiesta, con su puto “España me quiere” siempre en su boca llena de rencor y película barata. Y el pavo mientras sigue agitando las plumas, buscando otra vez el polvo más caro de su vida, el que le ha costado unos 300 mil euros. Aún no es ni remotamente consciente de que es ella la que se la ha metido a él.
Lo único positivo de toda la noche… la llegada de Gerardo a la casita de Hansel y Gretel. Aún espero que este desestabilizador dinamite todo este previsible guión de culebrón barato en el que cualquier elemento que se sale de lo establecido, tiene como destino la vieja hoguera en la que se quema a las brujas y a todos aquellos que algún día quisieron ir por libre o tratar de ser diferentes.
Sé que espero en vano. Sólo me queda sentarme e ir viendo pasar los cadáveres de los hermosos vencidos y esperara a ver como los buitres y las hienas acaban devorándose entre ellos una vez que hayan devorado a sus presas.
Feliz fin de semana a todos.


Publicado por: Senador | 12 Octubre 2009 a las 08.44
Aquí no hay héroes. Ni **** falta que hace. Ni tampoco villanos oscuros con los que escribir novelas baratas. El problema es que muchos necesitan vivir esto forjándose mesías a partir de la nada y crueles malandrines de opereta donde sólo hay tipos grises y corrientes. Sólo así se entiende que una pazguata como Indira haya sido elevada a la categoría de Princesa y un tonto a las tres como Juan, haya sido pintado casi como un serial killer, sólo por ser un plomizo contable.
El año pasado, viví una historia de piratas y crías, de hijos de **** con aspecto de orco y zorras malvadas que parecían salidas de una cutre versión de Macbeth. La viví hasta el exceso, la disfruté en cada trago. Caí rendido al final, cruzando los límites del agotamiento físico. En mi forma de entender las cosas, contemplaba la cruel cacería de un ser humano y me embarqué con él en una lucha de cartón piedra contra las tinieblas. Me agoté mentalmente y llegué incluso hasta la más patética de las parodias. De nada me arrepiento. Fue un viaje fascinante. Pero ni quiero otro así, ni tampoco lo rechazaría si me llegase del cielo. Iván Madrazo, el pirata (no el ser humano), murió para mí el día que comenzó esta nueva edición. Y yo no vivo de recuerdos. Y los únicos mitos que siempre me han gustado son los griegos. Gran Hermano, está muy por encima de él (aunque a veces lo olvide), de Pepe, de Laura, de Pulpillo y de todos cuantos han pasado por esa casa. Todos ellos pasan (por mucho que se graben en mi recuerdo), pero sólo la vieja casa de Guadalix permanece, como una roca firme, año tras año. Y yo no necesito ídolos para disfrutar de la vida que cada año bulle y se retuerce entre sus paredes. Si llegan, serán bienvenidos. Pero si no aparecen, no perderé ni un segundo de mi tiempo buscándolos.
Este año, le pese a quién le pese y se me quiera creer o no, estoy disfrutando mucho más que el año pasado. Quizás porque ni amo, ni odio a nadie, quizás porque (como muy inteligentemente observó Angel en la tarde del sábado), les veo a todos con sus virtudes y defectos. Los observo desde la distancia y me implico en sus vidas. Los contemplo y en muchas ocasiones bajo a la arena y me revuelco con ellos. En pocas otras ediciones (salvo en la 6 y la, he disfrutado tanto del juego. De las risas, de los gritos, de las broncas, de las conspiraciones en la penumbra. Del juego de yo soy mejor que tú, aunque me comporté de la misma forma. De ese ver la paja en el ojo ajeno y no advertir que una enorme viga está a punto de sacarte el tuyo.
Los miro, con sus mezquinos y pequeños defectos, con sus zafios trucos siempre buscando la cámara y de cuando en cuando, les veo perder la compostura, bajar la guardia y mostrarse en toda su crudeza. Pero tanto en los momentos en los que actúan, como en los que accidentalmente se desnudan, les agradezco (en el fondo) las horas de diversión que me proporcionan a cambio de unos míseros euros. Esto es para mí GH. La vida en directo. No necesariamente un tebeo de la Marvel o un remake de “El Señor de los Anillos”. Yo no necesito un banderín de enganche para amar esa casa, porque cada año, aunque me lo niegue a mi mismo en un principio, se me mete en la sangre y hace que me olvide de todo lo demás.
Ese es el puto prodigio en realidad. La magia de esos seres, sean quienes sean, regalándome pedazos de sus vidas a cambio de casi nada.
Por eso, porque busco la vida, la evasión, la carcajada, la magia y hasta el esperpento, ahora disfruto como no lo hacía en años, con la presencia de Gerardo (The Machine), dentro de esa casa. Porque es diferente al resto, porque es un desestabilizador nato (quizás hasta de forma inconsciente). Porque en su día consiguió que no hiciese zapping cada vez que conectaba con la casa de los muertos (la casa espía), cuando le descubrí sentado tranquilamente al sol, mientras sus aburridas compañeras de “piso” parecían salir de sus tumbas sólo para ponerle a caldo.
Y ahora, en sólo dos días de estancia en la casa 11, este garrulo playboy de alpargata y JB con hielo, este perfecto antihéroe que me trae ecos de Landa sacando pecho en la playa a la caza de la sueca despistada, me ha seducido por su simpleza, su torrentismo innato y esa capacidad de liar la mundial sin apenas hacer prácticamente nada. Ha conseguido llevarse aceptablemente bien con algunos, despertar tímidos recelos en otros y hasta incluso conseguir que llevándose con Juan tan de **** madre como se lleva, Arturo le llame Gerar con todo el cariño del mundo. Les ha dicho a todos casi siempre lo que querían escuchar, casi jugando con ellos, divirtiéndose y haciéndome disfrutar al verlo como un cutre trilero, tan tierno, como canalla y esperpéntico. Ha jugado con su vanidad, se ha fingido famosote de cuarta para seducir a unos pocos (hombres y mujeres) y frente a la chulería del vasco de Atapuerca, la zafia prepotencia de la princesita del “Españamequiere”, la simpleza pedante del contable baturro, la sosería gris del clon de Sparrow (por mucho que sea el único que ahí dentro les canta a todos las verdades del barquero) o el afán de protagonismo desmesurado de Hans (junto con su intolerancia ante cualquiera que ose llevarle la contraria), me quedo con el tipo que más sonrisas (carcajadas) me ha arrancado en todo lo que llevamos de edición (junto con algunos momentos del dúo Hans-Tosqui, que quizás prometían mucho más de lo que al final darán) .
Yo elijo al aspirante a contertulio del Sálvame, al jugador de corto recorrido, al que durará dos telediarios, pero al que más me divierte por chusco, especial y diferente. Por dinamitador y fullero. El resto me siguen sonando demasiado a malos actores con un papel perfectamente aprendido, encorsetados, temerosos de mostrarme su juego. Gerardo juega, se cachondea y se descojona del personal y jamás me esconde sus cartas.
Para terminar sólo tres cosas. La primera, dicha con todo el respeto, a todos los que dicen que este año no me entienden, decirles que los que (para su desgracia, quizás), han perdido su tiempo leyéndome desde que escribo aquí (GH8), seguramente verán al mismo tipo que cada año escribe de forma visceral todo lo que se le pasa por la cabeza, sin premisas ni cortapisas de ningún tipo.
La segunda, que siempre he sido muy de ****, coño, carajo, hostia y similares. Siempre. Soy así y si a alguno le molesta, lo tiene bien fácil. Y por cierto, también les preguntaría a otros por qué la zafiedad de Chiqui era admitida con aplauso y la de Tatiana es denostada constantemente. A lo mejor es porque una era enana y la otra está muy muy buena. A mí, particularmente, me encantan las dos.
Y la tercera, un agradecimiento a Rebeca (por haber metido a Gerardo en el juego). Viendo ayer como esos colaboradores de cuarta del DBT hacían mofa chusca de ella, me vino a la cabeza uno de los posts más geniales y lúcidos que he leído nunca en este blog (escrito en el día de ayer). Me permito reproducirlo literalmente y darle las gracias a su autor por haber puesto en texto mis pensamientos:
4283. Publicado por: ohhyea | 11 Octubre 2009 a las 18.40
Senador, yo también sé que Rebeca no tenía ningún papel, para mi era genuinamente extravagante. Y la gente, el vulgo, no lo comprende y lo incomprendido siempre suele ser rechazado, las más de las veces con violencia.
...



Publicado por: Senador | 13 Octubre 2009 a las 08.18
Realmente me parto el culo con todos ellos. Pocos años me he reído tanto con los resúmenes como en este. El de ayer, glorioso, no tuvo para mí su punto álgido en la enésima discusión de la versión actualizada de Kiko y Patricia, aunque he de reconocer que me tronchaba al ver a la una poniéndose su doble capa de chapa y pintura (tremendamente necesaria en su caso, si quiere seguir presumiendo de lo que no es) y al otro afeitándose y gritando, mientras la gallega, en el cuarto contiguo, escenificaba en paralelo con la princesita malagueña de los hermosos dientes, aquella gloriosa escena de “No son mis pinturas (seguimos en el taller de reparación)”. Y el pobre cabestro norteño, se desgañitaba y se daba cabezazos (interiores), contra la pared, al ver que sus buenas formas y buena intención inicial, había sido recibida por la más vaga entre las vagas (todos llevaban tiempo en pie para la prueba), como el mayor de los insultos y afrentas.
Y mientras Toscano con la antena puesta, haciendo como que fregaba el cuarto de baño.
Y luego el pobre zafio, buscando la aprobación de su gurú particular, esa especie de Torquemada de ramalazo inmenso, que imparte doctrina entre sus iguales, creyéndose siempre en la potestad de juzgar y otorgar sentencia, como si el Papa Clemente hubiese entrado en la casa.
Sin embargo, lo que me encantó fue ese germen de conspiración, encendido por The Machine (mi Gerardo, cada día me descojono más con él, no de él, quede claro), tratando de tejer una tela de araña en torno a Mel, para hacerla su cómplice (supuestamente) en su intento de salvar el culo. Lo mejor fue cuando remató su seducción garbancera con un “Si nosotros seguimos con el cachondeo, seguro que cambian las cosas”. Le faltó (iba implícito y quizás algún día lo explicite más) un “si pegamos tres polvos y guarreamos un poco, de aquí no nos echa ni dios”.
Y Mel, la de los videos (suena tan tierna tanto ella como Tati o Juan, cuando piensan en las horas de video de ellos que se estarán viendo fuera que, cuando los escucho, me parto el culo pensando quién puede ver a estos pobres diablos como la reencarnación de los perores criminales de la humanidad), no dejó que el comentario del otro cayese en saco roto, aunque no le diese el “sí, quiero”, buscando un clavo ardiendo que le permita quedarse un par de semanas más y poder así acabar de pagar su coche (es su máxima aspiración ahí dentro, lo dijo el otro día, viendo tan imposible el botín final). Y quién sabe si en su creciente e insatisfecha calentura, no estaría dispuesta a retozar con este Nota casposamente ibérico, al que encuentra al menos medianamente atractivo.
Y mientras, The Machine, sigue alterando los nervios de las tres rancias de Villa Valium, que se tiran de los pelos cada vez que son espectadoras privilegiadas de su majestuosa actuación. Y los de la casa once, andan todos revolucionados, sin creerse nada de lo que este jugador de poker, (putero de club de alterne de tercera y vividor sin más aspiraciones que no dar golpe y pegar todos los polvos gratuitos que pueda), les está contando desde que llegó a la casa.
El coordinador de la prueba de esta semana, con aire desgarbado y una coronilla preocupantemente despejada, sigue imponiendo su ley, caminando de forma cansina, exhibiendo su torso flácido y sus indomables rizos, mientras sueña con ser el rey del prime time y desbancar a Kiko Hernandez de su trono catódico.
Larga vida al Rey de la caspa. Sólo por él, ya merecería una estatua en la plaza mayor la persona responsable del casting de este año.


...



Publicado por: Senador | 14 Octubre 2009 a las 08.20
Es la típica discusión hombre-mujer.
La conozco perfectamente porque la he sufrido en mis carnes docenas de veces. Con casi todas las mujeres que de alguna forma he tenido una relación cercana, he tenido esa discusión en algún momento de mi vida.
El esquema es siempre el mismo, calcado de una situación a otra y con escasas e irrelevantes diferencias.
Tú sientes que en algún momento has dicho o hecho algo que a ella le ha molestado. No sabes exactamente el qué (o sí, pero crees que la afrenta no ha sido tan grande, si no que sólo fue una tontería). Es más, piensas en un principio que tú no tienes culpa alguna y que todo ha sido fruto de un mal entendido o de un pequeño problema de comunicación.
Y como no puedes estar sin arreglarlo y permanecer a su lado en silencio (porque odias el silencio y no crees que nada pueda no resolverse con un simple perdón), cometes tu primer error: te acercas a ella, con una media sonrisa en los labios y sacas el tema para intentar medio disculparte (aunque sigues pensando que llevabas la razón, no te importa humillarte un poco para que todo vuelva a la normalidad).
Entonces, antes de que puedas haber pronunciado cuatro palabras, recibes la primera hostia. Zas. En toda la **** frente. Tú intento de pacificación y acercamiento inicial, ha tenido por respuesta una salida de tono por su parte, haciéndose la ofendida y cargada de razones que sólo el cielo comprende (porque tú sigues sin saber muy bien a quién has matado).
Aún así, te mantienes cordial, incluso te muestras aún más sumiso. La ves dolida y un cierto sentimiento de culpa comienza a crecer en ti. Reiteras tus disculpas, ofreces una sonrisa aún más dócil y miras a los ojos.
Y te cae la segunda hostia, más fuerte que la anterior, porque tú intento de reconciliación y tu humillación, hace que ella se crezca aún más.
El tono de la discusión sigue creciendo por los mismos derroteros, hasta que llegas al punto de máxima humillación, en el cual estás dispuesto a asumir todos los crímenes de la historia de la humanidad, sólo para que la discusión termine y para obtener ese perdón generoso de la gran señora dolida, aunque ni siquiera sepas en ese momento qué es lo que has hecho mal y por qué te estás disculpando. Pero eso ya no te importa, sólo quieres que ella te perdone y estás dispuesto para ello a lo que sea.
Y en ese momento, en el que ella te siente contra las cuerdas, comete su gran error: no se contenta con la derrota de su presa, si no que quiere hundirla, humillarla y machacarla. Busca la victoria total y no quiere prisioneros, sólo un perro lamiendo sus pies y adorándola. Es ahí donde tú preguntas en voz alta qué es lo que has hecho y ella, cual loba herida, te responde ofendida “cómo si tú no lo supieses”. Y después de un par de envites así, es cuando todo cambia. Un chip se enciende dentro de tu cabeza y te preguntas por qué cojones tienes que estar aguantando toda esa tormenta de reproches y lamentos, cuando tú estabas tendiendo una mano y además (y ahora sí) estás seguro de que o bien no has hecho nada, o bien sabes de sobra que no ha sido tan grave o bien sabes que lo que hubiese sido que has dicho o hecho fue fruto de un calentón puntual sin importancia.
Y saltas. Pasas al ataque. Empiezas a elevar el tono de voz y acabas gritando. Primero ha empezado incluso a gritar ella, pero ahora encima tiene los santos cojones de decirte que no le levantes la voz. Así que sueltas un par de voces, te cagas en todo, la mandas a la mierda y te vas como única forma de terminar todo aquello.
Pero ella se levanta, va detrás de ti y continua pinchándote aún con más rabia hasta llegar al punto álgido de su ataque, momento en el que suelta el que supone hachazo definitivo, que en el caso de la discusión de Hans y Angel, fue ese Hansiano “estás lleno de mierda por dentro”.
El lunes una amiga me comentaba viendo el resumen que en Hans aún estaba presente lo peor de su condición femenina.
Para mí, eso ha sido todo. La típica discusión hombre mujer, más vieja que los tiempos. Y el que quiera ver en ella una gran conspiración de uno u otro bando o a alguno de los dos como un fino estratega, tratando de desestabilizar al otro o a uno de los dos dejando en evidencia y desenmascarando el juego del otro…. para él la peseta y las teorías conspiratorias.
Eso sí, quede claro que para mí, Angel tenía más razón que un santo. Y que desde ayer, ya me cae un poquito (bastante) mejor.






Publicado por: Senador | 16 Octubre 2009 a las 08.34
“Desnúdate que si lo haces, a lo mejor nos dan comida”
Esa frase de la máquina, Gerardo I El Grande, Emperador de Guadalix, dió broche de oro a una gala mágica, especial, llena de luz, de risas y de pura y contundente diversión.
Olvido la primera parte, la guerra Indira-Arturo. Por cansina y porque como decían mis Ramones “esta noche no quiero pelear contigo”. Bueno, más o menos. La cuestión es que hoy me importan una mierda las peleas y los malos rollos (alguna vez tengo que descansar, coño).
Putos cabrones. Os pongo a parir cuando me sale de dentro, pero cuando parís algo como lo de anoche, sólo puedo decir que sois la **** hostia. Pocas galas recuerdo de mayor felicidad como esta. Todo, hasta la entrevista con Juan (un buen tipo, le pese a quién le pese) estuvo tocado por un algo especial y mágico que invitaba al cachondeo, a la risa. Y sobre todo a una sonrisa franca, una rara expresión de felicidad al ver el desarrollo de la fiesta. Sorpresas, no demasiadas (imagino lo que podría haber sido la gala sin las noticias previas, sin tener idea alguna de lo que iba a pasar y siento que no me hayan tratado como a un puñetero crío que no tiene ni idea de quienes son los reyes magos), pero ver la cara de Arturo o de Tati al llegar a la casa espía o la impotencia revestida de felicidad con la que Toscano preguntaba a los que habían vuelto del tunel qué se veía al otro lado, son los recuerdos más especiales con los que me quedo de esta noche. Se suman a muchos, montones, que atesoro en mi cabeza desde hace diez años y que forman parte de mi vida.
Ahora queda esperar a ver cómo se desarrolla todo en los próximos días. Me muero de ganas de ver a Mel, perdida entre “extraños”, sola sin saber donde están sus viejos compinches. Comprobar si Arturo cambiará ese “Oh no…” que soltó cuando vió aparecer a Indhira (que por cierto, al César lo que es del César, hizo que me descojonase con su petición del descapotable). O seguir los movimientos de Toscano sin la sombra de su particular Lucifer (yo prefiero otros demonios más carnales y maravillosos). O imaginar lo que hará Gerardo ahora que casi todos sus compañeros son viejos conocidos con algua cuenta pendiente con él (aunque el catálogo de The Machine, es inagotable).
Así que sigo esperando esa magia inagotable, ese puto huracán que a veces se vuelve viento dulce que te acaricia y otra s, **** tormenta que se desata y me agarra de las tripas poniéndome boca abajo. Porque hoy no quiero hablar de ratones y hombres. Prefiero por un día, hablar de la felicidad que todo esto me da cada jodido año, por mucho que me resista, por mucho que el ****** refunfuñe y muchas veces se cague en todo, con cientos de horas sin dormir de por medio.
Pocas cosas pueden compararse a este gran circo que me engancha con sus misterios y con ese nuevo viaje que cada año es diferente al anterior y que me hace borrar mi cuadriculada cabeza a los pocos días de que la carrera empiece. Nunca me deja indiferente, jamás me aburre. Siempre me seduce y me llena como la pelirroja del sueño que me susurra al oído “Soy yo, he llegado. Siempre me esperas porque no puedes vivir sin mí. Soy todo lo que has deseado en toda tu **** vida”.
Haya piratas por medio o no, cabrones, diosas, putas o vírgenes, perros o santos. O simplemente tipos normales viviendo sus vidas ante mis ojos, mientras los magos, por detrás, construyen el escenario y mueven los hilos lo justo para que todo resulte ser un puto sueño.
y buenos días a tod@s




thatfeeling escribió:Si Juan no hubiese estado dentro de la casa, pensaria que Senador ya tiene cara.....
... eso es una broma, no???...
Publicado por: Senador | 19 Octubre 2009 a las 08.43
El trasvase de casas del jueves me ha hecho ver las cosas con mucha más claridad y definir lo que realmente es el centro del escenario y lo que solamente es el paisaje del decorado.
La casa once es un muerto difícil de levantar ahora mismo. Básicamente, porque los actores protagonistas de la obra, se han ido al otro lado y allí sólo quedan meros figurantes y un genial secundario (Gerardo) que es incapaz de revitalizar la trama, porque lo que le rodea es un erial sin vida.
Solamente salvo en esa casa, la calentura indisimulada de Laura que ayer protagonizó una escena gloriosa en la cocina. Estaba Mel junto a la vitro (un saludo, Mirentxu), pegada al horno, con un pantalón corto ajustado (que con mi poca vista me hizo pensar en un principio que estaba con el culo al aire) y el realizador andaba medio ciego e ilusionado en modo berraco, con el plano fijo (hago constar aquí, que los fines de semana, los realizadores del directo son muy del tipo pajero, más que el resto de los días, supongo que en una especie de “ya que tenemos que currar en festivo, al menos que nos de para unas pajillas, que pagarnos no nos pagan mucho”). Estaba con ella, en sus cosas, Ángel, sin prestarle atención, cuando de pronto llegó Gerardo y tras revolotear un poco a su vera, se agachó a mirar lo que había en el horno, con gran interés, de tal forma que el culo de la canaria, quedaba a escasos centímetros de su cara y él podía contemplarlo sin miedo a que nadie fuese consciente del buitre oteando a su presa, moviendo sus ojos en círculos.
Se incorporó al rato y desapareció de la escena, apareciendo a continuación Laura y repitiendo exactamente la misma secuencia, ante lo cual yo, preso de la incertidumbre, llegué a pensar que en el horno quizás se estaba asando un suculento manjar del que iban a dar cuenta y que toda la escena que suponía calentorra, sólo era producto de mi sucia imaginación, demasiado condicionada por todo el porno que he visto en tantos años.
Sin embargo, al momento me enteré que el contenido del horno, no era otra cosa que la pasta que Mel había guardado allí para que las moscas (dueñas y señoras de la casa), no convirtiesen aquello en su particular parque del Retiro. Y claro, con este dato fundamental, confirmé que el interés de Gerardo y Laura, era meramente gorrino, puesto que en el interior del horno, poco había que mirar o controlar.
Pero excepto esto, poco más atrajo mi atención en la casa zombie (que ahora es la once) y la vida, la diversión y la guerra está centrada ahora mismo en la casa espía donde habitan los tres grandes protagonistas de esta comedia gruesa de enredos y lágrimas. Para mí, los reyes de este juego, no son otros que Arturo, Toscano y Tati. Donde van ellos, van las risas y la vida. Lo han vuelto a demostrar, dejando muerta la casa once y trasladando la acción con su mera presencia a la que hasta entonces parecía una tumba carente de cualquier tipo de vida. Cada uno en su estilo, los tres se muestran tal y como son ante mis ojos (sí, Toscano miente a todos, pero nunca a los que le vemos a través de la pantalla), brutalmente divertidos, llenos de carisma y magia. Han tenido que llegar ellos a su nuevo hogar para que yo haya vencido mi inicial ceguera y haya podido descubrir a esa negraza en estado de gracia, que se ha revelado, lúcida y divertida como la perfecta actriz secundaria de este teatro, capaz de acompañar en los títulos de créditos al otro secundario de lujo de la función (Gerardo I, obviamente). Berlanga y Wilder sabían de sobra, que una obra maestra, no existe sin unos personajes secundarios en estado de gracia, cuyas intervenciones permanezcan para siempre en la memoria. Y eso son mi Gerar y mi Carolina. Diversión en estado puro que me hacen desear con ansia el volver a verlos juntos otra vez para que salten chispas.
Como ayer comentaba Tati a Toscano, “seguro que la gente ve ahora a Hans como un soso que no interesa a nadie sin ti a su lado” (no es literal). Y esa verdad incontestable fue la que me hizo ver después, mientras la pareja relataba y escenificaba a algunas de sus broncas en la otra casa (la de la t con el pan que Tati confundió con una polla, era descacharrante), con la incorporación posterior de Arturo (y con esa sentencia Toscaniana a la rusa de “yo nunca he dicho nada malo de ti”, dicha sin el menor asomo de rubor y con dos cojones), que el secreto de esta edición, su brillo y su capacidad de divertirme más que ninguna (junto con la octava), no estaba en las escenas de matrimonio de Arturo y la Plañidera en sí (por ejemplo), si no en la mera presencia del vasco (que fue el que hizo visible a un mueble como Indhira). O que la capacidad de divertirme de Hans es nula si no tiene al de la silla al lado. O que mi rusa de boca sucia, es lo más honesto y brutal (un besote, tito Andrés) que ha parido esa casa desde que se fue la cartagenera de los tacones imposibles.
Que no los echen demasiado pronto, por favor. Y a ser posible, que lleguen los tres juntos a la final (no se me arregla ni de coña, lo sé) o que uno de ellos gane.
... me gustas...

Publicado por: Senador | 20 Octubre 2009 a las 08.22
El sueña con que, al salir de esa casa, pueda viajar por el mundo jugando al póker. Llegar hasta Las Vegas y ganar el campeonato del mundo. Y por el camino, recorrer docenas de países, conociendo a montones de personas, follándose a todas las rubias y morenas que se acerquen a la mesa.
Y yo me lo imagino en su silla de ruedas, con su cuerpo lleno de tatuajes, casi como un personaje salido de una película de Nicholas Ray, tratando de ligar un poker de ases que le permita saltar la banca. A veces lo veo en el garito de Teddy KGB, tratando de que no se le note que va de farol, pero prefiero imaginarle junto a Nick Nolte en el buen ladrón desplumando al casino o, mejor aún, en la mesa principal del Tangiers, mientras sus compinches (que me recuerdan a Danny Ocean y compañía) dejan limpia la caja fuerte.
Ayer por la noche, Toscano, ese pobre diablo al que muchos quieren adjudicar el papel de villano en la función, confesaba por enésima vez su sueño. Vivir jugando al póker recorriendo el mundo.
Y era tal el brillo de sus ojos, tal la inocencia con la que desgranaba sus ilusiones, como un niño grande en el maltrecho cuerpo de un hombre, que no pude más que volver a sonreír y desear que en ese viaje sin fin de hotel en hotel y de mesa en mesa, le acompañasen la rubia rusa y el marine juerguista y vividor, bebiendo champán francés en la suite más lujosa, mientras contaban sus ganancias y decidían si ahora les apetecía más viajar a Europa o descansar una temporada bajo el solo del Caribe.
Sueños infantiles e inocentes. Tan hermosos e irreales como sólo los que aún somos niños, podemos soñar.
Y la vida sigue en la casa espía, mostrándome cada día que podría quedarme sólo con ellos (y con Gerardo, que ayer se declaró colchonero y yo ya sabía que no podía ser de otro equipo sin poder explicar el por qué) hasta el final del juego. Descubriendo a una maravillosa Carol, llena de encanto, señorío y saber estar, frente a una patética niñata llorona y soberbia que, gracias a sus berrinches de señorita malcriada (que empezó a los dos días llamando guarrilla a mi Tati y ahora llama sobona y zorra a una mujer a la que no le llega ni a la suela de los zapatos), conseguirá que la cántabra se vaya el jueves desgraciadamente. Y yo pienso si no habría una forma de hacer un trueque y que la plañidera se fuese a su **** casa y que los otros cinco y Gerardo permaneciesen juntos hasta que todo hubiese acabado.
Porque cada día me seduce más el vasco, con su sorna, sus risas y su mirada caliente y juguetona, mientras se abraza a la rusa de ojos limpios, cara de niña y fuego en las palabras atropelladas que escupe cuando pasa de la carcajada a la furia incontrolada. Y ese Tosqui, pícaro de novela de Reverte, ríe contando sus historias de la otra casa y mi negra les mira con cara de “jodíos niños, no se os puede dejar solos”.
Y Arturo le preguntará otra vez a Carol (medio en coña, pero por si cuela), que si no le gusta un poco siquiera, en la penumbra de ese túnel en el que se sienten sólos y a salvo, mirando ella a través del cristal, sin querer salir de allí y mirándola él con ojos de perro en celo que imagina las docenas de cosas que podrían hacer si hubiese en aquel lugar una cama vacía para los dos.





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